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viernes, 30 de diciembre de 2016

El turismo no casa con todo

La reconversión de Asturies en un destino turístico de relumbrón, parece haberse convertido en el nuevo Santo Grial, que si lo encontramos hará acabarse nuestros males, dejará de envejecer la población, los jóvenes se quedarán a trabajar y todos tendremos trabajos dignos y con sueldos suecos, por lo menos.

Yo no lo veo tan claro. Y no lo veo claro desde dos perspectivas, una de las cuales es el tema general de este blog.

La búsqueda desesperada de turismo puede matar nuestros activos principales, a saber: identidad y naturaleza.

De momento en lo poco que he podido viajar por el mundo, he sacado en conclusión que el turismo sin identidad, sin alma, no tiene futuro. Para viajar a un sitio donde te ofrecen lo mismo que en Benidorm (disculpas a quienes les guste Benidorm), pues ya tengo Benidorm, y es más grande y mejor montado.

Para viajar a sitios que no tienen una cultura propia, un alma propia, un modo propio de vida que merezca la pena conocer y disfrutar... pues ya tengo cientos de destinos insulsos donde no hacer nada es la forma de hacer.

Y no tienen competencia posible y sí tenemos mucho que perder. 

Sirva de ejemplo de lugar turístico de excelencia donde han sabido hacer gala de su diferencia, Escocia. No tienen buen clima, ni playas, ni fantásticos hoteles, pero han vendido su historia en imágenes icónicas, mantienen unas señas de identidad impresionantes donde cada piedra, cada dólmen, cada palabra gaélica, cada casa de techo de paja, es motivo de orgullo, conservación y admiración foránea, aderezado con gaitas y un paisaje muy espectacular.. y ahí están, retroalimentando con identidad unos recursos turísticos en principio fantásticos, pero limitados.

Nosotros, por ejemplo, dejamos que sean los vascos quienes promocionen como propia la sidra y los "txuletones", que venden en nuestros restaurantes ya como propios, después de habernos comprado los xatos a precio de saldo. Un desastre.

Y en cuanto a la naturaleza. No hay lugar en el planeta que soporte la plaga de langosta que es una masa de turistas haciéndose la foto en el mismo lugar. Ni las infraestructuras de agua o alcantarillado, ni los transportes, ni la calidad de los servicios, ni por supuesto el paisaje, la flora o la fauna, soportan las hordas de turistas en busca del destino de moda.

En nada benefician los turistas avistadores de especies de moda a dichas especies. Todo lo más pueden ser neutros (hasta cierto punto) pero crear modas de avistamiento de especies en peligro no las conserva, las hace más vulnerables. 



Turistas ingleses en La Peral, avistando osos. Sin queja posible. Ya vienen educados de casa.

Respecto a la flora, pues lo mismo, con el agravante de que suelen ser muy pocos los interesados, y de estos se corre el peligro de hacer visibles enclaves desconocidos, abriéndolos a desaprensivos.

Y el paisaje.... Bueno, en Llanes están encantados con la afluencia turística, pero a los bufones de Pría ya no se puede ir y están en un estado lamentable, la playa de Gulpiyuri da dolor ver las filas de coches aparcados hasta en la autopista... o los Lagos de Covadonga, que ni fotos se pueden hacer, y los pocos valores biológicos que podrían tener... ya ni fochas va a haber en poco tiempo, porque no las dejan en paz.

Yo les pido encarecidamente a mis amigos que dejen de promocionar páginas de los lugares más bonitos de Asturias, y que si conocen alguno, que se lo callen. Que no den un "me gusta" más, que no apoyen a "los pueblos más bonitos de". Que se callen, que no lo cuenten.



Ten y Pileñes, buen par de peñes. Para quiera quiera y sepa apreciarlas.

¿Hay solución?. Yo creo que sí. Educativa.

Educar a los propios asturianos en los valores identitarios y naturales que tenemos. Al menos conocerlos y no despreciarlos. Si llegamos a respetarlos y conocerlos, probablemente llegaremos a quererlos y así a protegerlos y hacer que se protejan. Y darlos a conocer y valorarlos de forma respetuosa y con sentido. Con orden con sabiduría.

Si la sociedad asturiana no valora su patrimonio, su cultura, su paisaje, su gastronomía, su flora, su fauna, si no conocemos y conservamos con uñas y dientes lo que nos hace atractivos para ese turismo que ha de ser fuente de riqueza y ha de llevarse la necesidad de conocernos más y de volver.... entonces estamos condenados a ser devorados por hordas de turistas como parte de una forma más de consumo. 

Pero después de pasar las plagas de langosta, no queda nada.

martes, 25 de agosto de 2015

Maldito Theodore Roosevelt

La culpa de todo la tiene Theodore "Teddy" Roosevelt, 26 presidente de los EEUU. Si hubiese matado a aquel oso puesto en bandeja, si hubiese seguido su instinto de cazador (muy cazador por mucho que además se le recuerde como un gran conservacionista y tenga hasta un Parque Nacional con su nombre) y dejarse de contemplaciones, no habría ositos de peluche (teddy bears) y por lo tanto no habría legiones de traumatizados que piensan que un oso es una mascota en potencia,  un amigo al que abrazarse para no tener miedo por las noches ni mearse en la cama, listo para ser acariciado, que se tumbará amigablemente a que le rasquen la barriga mientras ronronea con un tarro de miel que te ha cogido de la cestita.


Caricatura que hizo célebre a Roosevelt al no disparar a un oso "preparado" en una cacería por considerarlo poco deportivo.


La culpa de todo puede tenerla Roosevelt, o puede que sea que después de décadas de hablar de protección y conservación de los ecosistemas y de las especies, de favorecer espacios naturales y de convertir la protección del medio ambiente en un tópico educativo, empresarial, político y social, al final no hayamos entendido nada y lo único que verdaderamente cuenta son los votos y la pasta gansa.

Cuando hace años, en una reunión sobre conservación y medios de comunicación desarrollada en Somiedo (en un episodio que creo que ya he contado), el periodista ambiental Benigno Varillas, preguntó a la Consejera y al Director de Recursos Naturales, que cuando se le permitiría criar osos, la concurrencia se echó las manos a la cabeza y cayeron críticas como pedrisco.

Yo entendí que era un provocación, pero tal vez fue un caso de clarividencia y Varillas veía hacia dónde se dirigía el proceso de conservación (si se le puede llamar así) de las especies protegidas en Asturies (y resto).

Hacia un modelo productivista: solo merece la pena la conservación de lo económicamente rentable, y en cuanto sea posible hay que hacerlo producir beneficios contantes y sonantes.

Y en eso estamos.

Primero se promocionó la visita al "País de los osos" por parte de empresas ambientales, pero eso quedaba corto. Luego se publicitó la observación de osos desde lugares generalmente lejanos a menudo acompañados de guías, en una situación un tanto "secreta", pero internet es lo que tiene y ahora mismo desde varias carreteras y con un buen telescopio (o sin él) cualquiera sabe cuando ir a ver. 

Ya puestos se hizo un aparcamiento y ahora ya la carrera es desbocada: Cangas construye dos miradores para ver osos (ya sin cortarse), Somiedo planea ampliar aparcamientos para el supermercado oso y Degaña (que abrió la lata) busca nuevas ubicaciones (yo propongo el castillete de la mina y así combinar una visita rápida a todos los atractivos que un turista puede soportar en una mañana)

Obras de creación de aparcamiento y mirador para poder ver osos.

Y así los guías que te llevan a ver osos no creo que tengan mucho trabajo porque en cualquier periódico o televisión, y no digamos en internet, puedes encontrar la situación exacta de media docena de osos como quien mira la previsión de las mareas.

La cuestión es que a nadie le importa el oso, ni la conservación, ni las consecuencias que esta carrera hacia ninguna parte conlleva.

Está claro que ya tenemos osos habituados a las personas en algunos puntos, al olor de su comida, al ruido de sus voces y a la falsa seguridad de unas distancias de observación que en algunos lugares son ya escandalosamente cortas.

Por desgracia ya sabemos qué les ocurre a los osos cuando recurren a la situación contraria y van a visitar humanos: primero los vecinos les dan manzanas y luego acaban encerrados de por vida en Proaza, tal y como le ocurrió a Molinera. 

Pero pronto esta carrera de avistamientos requerirá resultados y como ya advertí hace años, pronto, muy pronto, si ofertas ver osos, necesitarás asegurar el avistamiento: se cebarán osos, si es que no se está haciendo ya, porque hay fotos y vídeos que huelen a chamusquina desde lejos.

Y eso no deja de ser el fin para los osos: el día que deje de ser un "teddy" y de pronto demuestre que al fin y al cabo es el mayor carnívoro de la Cordillera, un depredador ágil, acostumbrado ahora a la presencia humana, sin miedo.  Pasará de ser especie estrictamente protegida a especie peligrosa, perseguida y.... ¿cazada? Estamos perdiendo el norte.

Y mientras tanto sigue sin haber protocolos de actuación, sigue sin explicarse a los turistas, vecinos, montañeros... que el oso no es un peluche, y sobre todo sigue sin haber un plan. No hay un plan de gestión la para la situación actual, el actual es un plan obsoleto y en algunos casos rayando el absurdo, dada la situación. 
Ni lo hay para un previsible aumento del número de individuos, con más de trescientos osos en la Cordillera. Ni para las evidentes consecuencias de gestión y convivencia entre osos y humanos.

¿Alguien tiene un plan?

Maldito Teddy Roosevelt ¿por qué no mataste a aquel pobre oso?

(Relacionado con el mismo tema pero escrito años atrás ver: 
  http://naturalezaenasturias.blogspot.com.es/2010/09/sobre-ciervos-y-osos.html)
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