domingo, 20 de enero de 2013

Cave flumen

La interpretación de la geología y la de ciertos conceptos probabilísticos aplicados a proyectos ingenieriles parecen tener en común dos cosas:
la primera es el tiempo como factor principal, la segunda es la aparente incapacidad de la mayor parte de las personas para comprenderlo.

Cuando los conceptos aplicados al desarrollo de un acontecimiento, abarcan miles o millones de años, el ser humano tiene una dificultad manifiesta para imaginar y comprender el proceso en toda su magnitud de forma que en la mayor parte de las ocasiones establecemos modelos y simplificaciones que a menudo ayudan a dar forma a esos procesos. 
En geología hay alguno de esos acontecimientos, que apenas abarcan unos centenares o a lo sumo un par de miles de años.

Por ejemplo, de la Ría de Avilés tenemos incluso fotografías de los momentos en la que esta abarcaba una extensión muy superior a la actual y en la que evidentemente sus límites no correspondía con los actuales de un espacio urbanizado y canalizado. 
Buena parte del Avilés actual está sobre una marisma anterior y la Plaza de Abastos está en el emplazamiento de un antiguo molino de enciena o de marea. 

Los actuales terrenos de Arcelor eran marismas y la actual población de Salinas se asienta sobre un sistema de dunas muy, muy joven.

Esta falta de memoria provoca que en los últimos decenios se hayan convertido en zonas residenciales o polígonos industriales, prácticamente todas las vegas de cierta entidad de Asturies. Lugares donde nunca hubo una casa porque la experiencia decía que lo que es del río, vuelve al río.

Hay cientos de ejemplos; desde las inundaciones de les Arriondes de hace tres años (si el hubiesen preguntado a los abuelos ya les habrían contado que esa parte donde está el Hospital del Oriente, es del río), pasando por la playa de Verdiciu (el meandro que formaba el río en la desembocadura estaba en parte estrangulado por la urbanización y en parte por las mareas; el cambio de desembocadura en un sistema playa - río depende en circunstancias normales de la fuerza del oleaje que va cerrando el paso al río con arena cuando en circunstancias normales este no lleva mucha agua, pero si el río crece vuelve a salir de frente).

Foto de los destrozos en Verdicio de hace dos años y medio. Tomada de la agencia EFE
Cerca de donde vivo, la zona entre Raíces Viejo y Salinas se inunda con una regularidad pasmosa. Se han gastado enormes sumas en paseos-escollera y en convertir al río en un canal por donde coge velocidad, pero no se ha dado una solución viable porque no hay pendiente en esa zona, y no puede haberla porque en realidad eso es un brazo casi cegado de la Ría de Avilés, y cuando hay mucha agua en el río y sube la marea, sólo recupera lo que es suyo.

El río Raíces inundando su vega. Al fondo la línea verde es la escollera-paseo construida para retener al río.
Ah! y lo del tiempo en proyectos ingenieriles. Tengo que recopilar fotos relacionadas con las barbaridades de la Confederación encauzando ríos (destrozando el Ayer por ejemplo) y la falacia de los periodos inundables.
Según los proyectos, éstos se hacen estimando la probabilidad de inundaciones catastróficas en un periodo de tiempo. 
Por ejemplo: se hace una escollera o una canalización, etc. previendo una inundación catastrófica en 500 años. ¡Y se quedan tan anchos!
Lo que hay muchos que no entienden es que una inundación catastrófica en 500 años, no significa que tenga que ser dentro de 500 años. Puede ser mañana.
Y si no que se lo pregunten a los del camping Las Nieves de Biescas, que estaban autorizados.



Como puede verse esta no es (ni mucho menos) una gran inundación. Es un pequeño charco comparado con otras ocasiones.
Lo que no se puede es construir en el espacio de inundación del río. Con escollera o sin ella. Porque si es del río, antes o después, el río lo reclama. 

martes, 15 de enero de 2013

Criar osos

¿Es posible compatibilizar un turismo de naturaleza responsable con la observación de fauna y su conservación?.
La respuesta debería ser que sí. Me encantaría que fuese que sí. Deseo firmemente que sea que sí.
Y no faltan los ejemplos que están permitiendo la supervivencia de espacios naturales emblemáticos y las especies a los que albergan, contribuyendo además al desarrollo de las comunidades locales.
Posiblemente los gorilas de montaña sean de los más conocidos. O los ecosistemas y comunidades del Serengueti, podrían ser otro ejemplo.
A un nivel mucho más modesto, pero no menos importante, el turismo ornitológico en los alrededores de Plasencia y Monfragüe, es un motor de economía local indudable.
También es posible que mal planificado, gestionado y sobre todo asumido, acabe siendo un desastre.
Lo que es seguro es que dado el ritmo de crecimiento de la población humana y su lamentable relación con los ecosistemas que lo rodean, es necesario establecer pautas de relación realmente sostenible con el medio.

Una de esas pautas es el establecimiento de "especies valor" para un territorio, cuya conservación establezca un paraguas de protección sobre el ecosistema.
El ejemplo que mejor conozco y que ha llegado a ser emblema de Asturies, es sin duda el oso. En Somiedo lo saben bien. Sin ser el territorio de Asturies donde más osos habitan, se ha llegado a identificar Parque Natural con las palabras "hábitat osero", prácticamente de forma indisoluble. 
Y evidentemente eso ha representado ventajas para los habitantes del Parque. El oso es allí una "especie valor", aporta solo con su posible presencia un valor añadido a los propios atractivos del Parque, tanto biológicos como geológicos.

Desde hace tiempo se lleva cocinando un movimiento de ir "un paso más allá" en los modelos de conservación de estas "especies valor". El principal de esos pasos es, aprovechando la mejora en la población osera asturiana, comenzar, no sólo a fomentar la presencia de oso, si no también demostrarla, es decir realizar salidas para ver osos.

Ya hay empresas que lo ofertan. Más o menos veladamente, pero se oferta.
Ver y ser visto. O disfrutar sin ver. 
Y lo entiendo. Me asusta un poco, pero lo entiendo y con ello comparto aspectos de lo explicado por Hartasánchez (de FAPAS) en un artículo que aparece en internet, concretamente en la revista Altotero, de su amigo Benigno Varillas, que a su vez lidera un proyecto denominado Rewilding Spain y sobre el que aún tengo mucho que conocer y reflexionar.

Dice Hartasánchez lo siguiente (tras reflexionar sobre la desaparición de fondos europeos para la recuperación del oso pardo, la gestión desastrosa de la especie en Castilla-León, y los advenedizos arrimados a la administración)

 Acabado el chollo de que el oso pardo continúe siendo una especie de Papa Noél que llega a Administraciones y ONGs paralelas a la Administración con un saco cargado de dinero, se plantea un panorama dudoso sobre la posibilidad de seguir viviendo del cuento del oso, por lo que parece que ahora la nueva tendencia es contar el cuento osero o mejor dicho vivir de enseñar osos.
La aparición de empresas y grupos organizados con una estrategia de hacer del oso un icono visible de la naturaleza, parece que va a ser una alternativa a la supervivencia de las estructuras pro oseras. No es malo, al contrario, al menos si para ganar dinero es necesario ver osos, habrá que sospechar que la conservación del oso va a ser más importante que antes, pues sin osos no hay turistas.
Hasta ahora el chollo ha sido la escasez, el riesgo, la amenaza, justificaciones para que la UE continuara dando dinero a espuertas para la conservación osuna en este país. Las mejores noticias, los osos en lazos, tiroteados, demostrando así que era necesario más dinero para seguir vigilando, patrullando, recorriendo los montes en todo terreno, argumentando que la recuperación de esta especie representaba un esfuerzo ímprobo donde era necesaria la utilización de ingentes cantidades de dinero y un enorme esfuerzo humano.
Si esta estrategia de conservación era cierta, ¿qué pasará ahora que no hay un euro?.
¿Comenzaremos a ver disminuir la población en Asturias?, ¿desaparecerá definitivamente del núcleo oriental?. Por fortuna creemos que no, pues habría que analizar cuales han sido los mecanismos activados para conseguir que el oso llegue hasta donde está actualmente en Asturias, quizás cerca de los 200 ejemplares.

Y sin duda, ninguno de esos mecanismos está ligado a la necesidad de utilizar sumas millonarias de euros, valga de referencia que el coste que tiene garantizar la supervivencia de las crías nacidas en un parto osero no llega a los 200 euros. Y garantizar la supervivencia de las crías de oso que nacen cada año, es garantizar la conservación de la especie. Sería fácil echar la cuenta de cuanto costaría entonces elevar la productividad de una población osera como la que tenemos actualmente en la Cordillera Cantábrica, contando únicamente el número de hembras reproductoras.
El resto de acciones a llevar a cabo forman ya parte de estructuras establecidas, Seprona, guardería, sensibilización en el ámbito de los cazadores, aplicar modelos de recuperación del hábitat y presión social sobre aquellas administraciones que como Castilla y León tiene claramente una decisión tomada de extinguir al oso en las montañas de Riaño y Palencia. Lo demás es un puro fraude a la conservación de la naturaleza de España.
Yo ante esto veo un problema habitual a nuestro alrededor.:
Es necesario debate, contar con la población local, establecer parámetros de actuación, delimitar fechas, vedas de observación, mecanismos de control, formas de participación de manera que vuelva a revertir en la población local, que es en última instancia la que conserva al oso porque le da beneficio. Si no es así, harán chorizos con él.

Y veo un peligro. No puede actuarse en función de la "especie valor", primero porque como cualquier especie salvaje no puede dar garantía de éxito en la observación, y segundo y más importante: desde un punto de vista totémico el oso tiene un enorme interés mediático, cultural, turístico... pero biológicamente, genéticamente al menos, especies como (por ejemplo) Centaurum somedanum, tienen probablemente más valor, y se conocen y protegen bastante menos.
Valle de Saliencia. ¿Tiene más valor ver osos o conocer el resto de valores y características de su entorno?
¿Puede darse lo uno sin lo otro? ¿Y qué valor tendría entonces? ¿Y cuando pase de moda el oso? ¿Qué quedará?
Enseñar el oso no puede ser la prioridad, la prioridad ha de ser dar a conocer los valores del ecosistema completo, su formación , su geología, su hidrología, las especies vegetales y su interrelación, la cultura que se desarrolla alrededor del aprovechamiento de esos sitemas naturales, la formación del paisaje..... y eso es educación ambiental.

El resto es criar osos. 

sábado, 12 de enero de 2013

Despensa de caquis

El caqui es el fruto muy dulce de un árbol (Diospyros kaki), de origen asiático color naranja o rojizo y cultivado desde hace más de un siglo en regiones subtropicales. El arbolillo es en Asturies principalmente ornamental, aunque aparece cargado de frutos en algunos jardines de las zonas con clima más benigno de la región.

Cerca de Oviedo/Uviéu, en uno de esos jardines de la zona rural, uno de esos caquis cargados de frutos naranjas y brillantes con aspecto de calabaza diminuta, servía hasta hace unos días como una estupenda despensa para algunas especies de aves del pueblo.
Había pinzones (Fringilla coelebs), un par de jilgueros (Carduelis carduelis), un raitán (Erithacus  rubecula) recogiendo del suelo lo que iba cayendo, un mirlo o tordo (Turdus merula), una bandada de estorninos pintos  (Sturnus vulgare) y un macho de curruca capirotada (Sylvia atricapilla).

Los estorninos, en su línea de alborotadores, ocupaban casi todo el árbol y ponían nerviosos a todos los demás. Tan nerviosos estaban que casi no me acerqué y ya estaba el mirlo dando la voz de alarma y saliendo por alas.

Jilgueros y pinzones, muy incómodos con sus vecinos vocingleros, salieron detrás, y allí se quedaron los estorninos picando un caqui aquí y otro allá. Y la curruca muy escondida entre las ramas aprovechando los caquis abiertos para acceder a una pulpa dulce que les dará alimento para afrontar el tramo más duro del invierno. Porque a partir de ahora empieza lo verdaderamente duro: tres o cuatro meses de frío y lluvia (o nieve) con cada vez menos despensas y reservas y con la imperiosa necesidad de estar en plena forma para formar familia en primavera.
Estorninos pintos en el árbol del caqui

Curruca capirotada aprovechando las circunstancias


Curruca y caqui
Todo en desafío para aves que apenas pasan de unas decenas de gramos.

lunes, 7 de enero de 2013

Veraninos

Aunque distingue claramente las diferentes especies, mi abuela, que superados los noventa ya se ha merecido algún sitio en este blog, nombra siempre a los páridos con un nombre común "veraninos". Nunca incluye otros grupos, ni pinzones, ni raitanes, ni panaderas, ni pardillos.... ninguno.
Curiosamente los herrerillos, están incluidos aunque no son nada parecidos a los más comunes carboneros (sean comunes o garrapinos), pero para ella todos son veraninos.
Hoy estuve fotografiando veraninos. En el Botánico de Gijón. Están más costumbrados a la gente y en algunos sitios hay comederos, lo que hace que se acerquen más. No se acercaron ni los raitanes, ni los mirlos, ni los malvíses, ni tampoco las currucas escondidas entre la hiedra. Sólo vinieron a visitarme los veraninos. Pero las fotos no salen "limpias" debido a la gran cantidad de ramas, lianas, palitos....

Tres especies de género Parus: el carbonero común (Parus major), el carbonero garrapinos  (P. ater) y el herrerillo (P. caeruleus).

Herrerillo

Carbonero común

Carbonero garrapinos

Carbonero garrapinos

Herrerillo

Carbonero común

jueves, 3 de enero de 2013

Valle del Ajo

El Valle del Ajo, es el nombre que recibía, y aún a veces recibe, el Valle de Lago en Somiedo. De hecho es el nombre que aparece en cartografía del siglo XIX como en el mapa de vegetación denominado "Bosquejo Dasográfico" de D. Francisco García Martino, fechado en 1862. 



Viene al caso el comentario porque ayer disfruté de un estupendo día de paseo montañero tanto en lo meteorológico como en la compañía y tuve ocasión de disfrutar también de alguna explicación y alguna reflexión acerca de los cambios que propician la formación de un valle tan espectacular como Valle de Lago (o de Ajo).

Los cambios son inherentes a la naturaleza, desde algo tan aparentemente nimio como un nombre, hasta las modificaciones de magnitudes tan grandes que casi no podemos imaginar en origen y mucho menos con el paso de cientos, miles o millones de años.

La memoria humana es frágil y a menudo la capacidad de abstracción también. No me resulta complicado tratar de imaginarme el valle cubierto de vegetación, bosque, matorral, praderas subalpinas, etc. Antes de las transformaciones impuestas por el hombre aprovechando los recursos del medio y transformándolo para obtener un máximo rendimiento.



La ladera en sombra, la umbría, todavía conserva los hayedos que se hicieron dominantes en los últimos tres mil años. No fueron talados porque esa ladera conserva la nieve buena parte del invierno y no sería tan productiva como la de solana, además del riesgo de desprendimientos y de servir como despensa de madera (y algo de caza).
El fondo ahora es pradera con algunos sauces que bordean y sujetan al arroyo y algunas espineras que hacen de linde. Pero casi todo el fondo fue hayedo, al menos en esta parte alta del valle, tal y como atestiguan algunas hayas viejas y retorcidas que aparecen dispersas en lindes de pastos.
La ladera de solana pudo haber sido robledal, tal y como aparece en Saliencia o en las partes bajas del valle, entre Urria y el pueblo de Valle de Lago. Ahora no queda ninguno. Tradicionalmente muy apreciada su madera, sometido el bosque a la acción del fuego y aprovechada la ladera para otros usos como la presencia de "escoba" que se usaba para "teitar", apenas quedan espineras, algunos acebos de gran porte, diversas especies del género "Rosa" y otros matorrales que van apareciendo desde que se dejó de usar la ladera de solana como pasto y va continuando la sucesión ecológica lentamente. Ahora no se usa tanto el fuego, pero todavía este año una parte de esa ladera ardió, y además está la presión del ganado y de los rebecos, muy abundantes por la zona.


Esa parte puedo imaginarla sin esfuerzo. Echar atrás 8.000 años más, hasta hace 10 u 11.000 años.... ya requiere una esfuerzo mayor, pero la evidencia del propio valle hace que no sea tan complicado imaginarse una lengua glaciar cubriendo el valle, modelándolo, excavándolo y arrastrando miles de toneladas de roca triturada valle abajo.

También puedo imaginar el cataclismo lento de la ida y venida de sucesivos enfriamientos y calentamientos con avances y retrocesos del glaciar, de pequeños glaciares colgados, de los últimos hielos de los casquetes del Valle de las Morteras o del entorno de los Albos.
Se ve la forma de U, se aprecia el circo ocupado actualmente por el lago, el modelado de hielo en las rocas bajo Pena Orniz, el cuchillar de Pena L.lana.




Otra cosa es ya remontarme cientos de millones de años atrás y buscar una imagen coherente con los fósiles de corales, los arrecifes de Pena L.lana, los poríferos de los Albos... y el posterior plegamiento de todos ellos, su ascenso y formación de una cordillera (la Cordillera Varisca) cientos de millones de años anterior a la actual y mucho, muchísimo mayor. 

Intelectualmente lo sé, incluso creo que lo comprendo. Ahora bien, emocionalmente es otra cuestión: una cordillera sin vegetación, sin fauna, un mundo continental muerto aún o apenas en creación y unas rocas que traen ecos de mares tropicales a unas montañas frías y verticales que llevan las cicatrices del hielo reciente.


De momento, emocionalmente me quedo con las imágenes del Valle del Ajo al atardecer. Un espectáculo que espero que mi memoria retenga mucho tiempo por frágil que sea.

Los Albos al anochecer



martes, 1 de enero de 2013

Atardece sobre Peña Ten

Últimos días del año y últimos rayos de luz sobre Peña Ten vista desde el Valle de Burón (León). 
La boina de niebla sobre la nieve y los rayos del sol poniente le dan un aspecto de volcán fuera de lugar.


Se aprecian especialmente los circos glaciares que coronan la Peña por su cara sur. 
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