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viernes, 31 de julio de 2015

Orquídeas de julio

Una sorpresa te asalta cuando no te esperas un acontecimiento o un encuentro.
Eso me ocurrió a mí cuando en los últimos días, en situaciones muy diferentes, me encontré dos especies de orquídeas con las que ya no contaba este año.
Dos especies nuevas para mí, de las que desconocía esas poblaciones y que resultaron un agradable modo de ir completando la colección de fotos de orquídeas de Asturies y especialmente de Somiedo.

Las dos especies sobre terrenos calizos y en ambos casos sobre suelos de poca potencia, casi descarnados y con condiciones sospecho que bastante duras.

Ophrys insectífera el 4 de julio, ya un poco pasada de fechas. Supongo que la última semana de junio o con menos calor las flores estarían mejor.

Epipactis rubra el 16 de julio con un calor asfixiante y en perfecto estado (la planta, yo un poco cocido)


Ophrys insectifera

Otra pose

Se observa que alguna de las flores ya está más seca.

Epipactis rubra. A pleno sol de mediodía las fotos salen un poco... excesivas de luz. Pero me conformo como documento.

Epipactis rubra

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Y le entregué mi corazón....

Hace unos años tuve un amor de verano. Quince días de vacaciones intensos, llenos de descubrimientos, de aventuras, de pasión, de paisajes, de playas de ensueño, de un mar cálido y sorprendente, de bosques, de carreteras imposibles, acantilados rosa y desfiladeros interminables. De ríos, cascadas, risa y canciones. Días de vino y “maquís”.

Después el regreso, la nostalgia y finalmente el recuerdo melancólico de los días felices.

Me traje algunas fotos, aromas imborrables y un disco de música que hacía sonar a menudo.

Nunca creí poder volver a verla y me resigné al recuerdo, a alguna fotografía esporádica y a unas pocas canciones.

Y contra toda esperanza, este verano volví. Fue una vuelta inquieta. Tal vez habían pasado demasiados años, quizá ya no fuese como entonces. Quizá los recuerdos la habían idealizado, y no fuese tan sorprendente, ni tan hermosa, ni tan alta, ni su agua tan turquesa…..

Pero al anochecer en el barco de ida, cuando las montañas oscuras e inmensas van a morir a Capicorsu, ví encenderse el faro y supe que no había perdido ni un ápice de belleza.

Y supe por qué hacía diez años le había entregado mi corazón a Córcega, y por qué no la había olvidado.


Capicorsu, el punto más septentrional de la isla, al anochecer, desde el mar.

I Forchi di Bavedda desde las playas de A Ghisunaccia en la costa este de Corsica

Acantilados y ciudadela de Bunifaziu en el extremo sur de Corsica, justo frente a Cerceña.

Maquis (formación arbustiva típica mediterránea), frente al mar. Al fondo Cerdeña.

De la poca fauna a la que pude dedicar un poco de tiempo, destacaba la abundancia de odonatos



Alto valle de la Restonica, uno de los valles más espectaculares de los múltiples  que  tiene la isla desde el espinazo central hasta las zonas bajas e incluso la costa. Tiene un impresionante modelado glaciar que deja agujas graníticas solitarias y unos desniveles para el senderismo de casi mil metros en 4 km.
En la foto el Lombarduccio.

El lagu Melu, uno de los siete que se formaron en la cabecera de la Restonica tras la retirada de los glaciares. Muy cerca, por los puertos superiores pasa el famoso GR-20 que atraviesa las cumbres de Corsica de norte a sur en unas quince etapas. 

sábado, 30 de agosto de 2014

Diversidad y variabilidad

Estos días de vacaciones pude disfrutar de nuevos paisajes, nuevas tierras y nuevos aprendizajes y recordatorios.
Entre otras cosas me reeencontré con una verdad que a menudo olvidamos: hemos modificado tanto nuestro entorno que hemos olvidado cómo es en realidad.
Me topé de bruces en un mercado callejero en la Provenza con el ejemplo más curioso de realidad modificada que recuerdo.
A los niños les enseñamos como modelo que las zanahorias son naranjas, todas naranjas, son el icono del naranja. 
Pero no es cierto. Las zanahorias, realmente en su origen eran blancas. Las zanahorias naranjas son un producto de la ingeniería genética de los agricultores holandeses que cultivaron la variedad naranja en honor a la casa de Orange, su casa real.
Así que ahora solo vemos zanahorias naranjas pero la realidad, como en la naturaleza, es mucho más variada y en el mercado francés pude ver una pequeña cantidad de la variedad de zanahorias existentes.

Y eso en el fondo es lo que habitualmente hacemos con la naturaleza: uniformizamos, modificamos, reducimos la variedad, simplificamos los ecosistemas, escogemos los jardines y ponemos puertas al campo en una especie de fantasía del orden que no es la realidad, solo la imagen que nosotros tenemos de los que debe ser: todos iguales, todas las zanahorias naranjas.

La variedad, variabilidad, diversidad es la norma en la naturaleza

lunes, 16 de junio de 2014

Atardecer de junio

Atardece en Salinas.
El sol que se oculta está casi en su punto más extremo hacia el Este.
Las fotos están tomadas entre las 21:40 y las 22:08.




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