lunes, 21 de diciembre de 2015

No habrá culpables: el miedo es libre

Como voy a contar experiencias personales, no estoy apoyado en datos científicos, ni en propuestas políticas, ni mucho menos en verdades absolutas.

Voy a contar una historia que tiene nombres y apellidos, que no voy a dar porque alguno de sus protagonistas sigue vivo, y todavía activo.

En ellas me baso para seguir creyendo que no habrá culpables, y aunque los intereses sean otros, mayores o más ruines, los que queman el monte en Asturies, no buscan especular con urbanizaciones. 
Viven en ese monte, viven en ese pueblo. Ven las noticias y no sienten que hayan hecho ningún mal. Ellos prenden porque es así. Se hace así. Hay que quemar el monte para limpiarlo, o porque es mío, o porque es de otro. Porque se quema para que entren las vacas. Porque no me dieron la subvención. Porque es como "se limpia" el monte.

Mis abuelos son de la Cuenca del Nalón, de un valle cerrado y alto, ramal del río principal en la parte más hullera de la cuenca. Un valle de bosques de castaños, pueblos casi abandonados (ahora) y un rosario de prados y huertas cada vez más perdidas.

El fuego no deja de ser un aliado natural en esos prados y huertas. Los "borrones" se quemaban en invierno en el medio de la huerta recién limpia de los restos del año y preparada para cavar "a palote" para sembrar.

También las "sebes", si se desmadraban mucho se podían quemar, y restos de vegetación de prados que llevaban tiempo sin usarse y se quitaban felechos, árgomes o escayos, y se quemaban. En estos casos no se iba solo. Cuando se quemaba una sebe estaban los dueños de las tierras colindantes, se ponían de acuerdo para cuidar el fuego. El fuego debía ser ante todo seguro, dominable.

Este incendio fue estos días en la misma zona, e igual que en el pueblo de mis abuelos, son castaños pegados a las casas.

Desde hace unos años la gente de la zona ha envejecido mucho, y algunos fuegos se han escapado un poco de control. Algún accidente siempre se puede dar. 

Pero había un fuego distinto. Un fuego voraz y descontrolado, un fuego que llegó en más de una ocasión hasta el límite de las casas y quemó alguna cuadra, alguna chabola de aperos. Un fuego que daba miedo.

Era un fuego de otoños o de inviernos secos. Con viento del sur, cuando más daño hace, cuando las hojas de los castaños crepitan solas por la falta de agua. 

Y esos días mis padres llamaban a mis abuelos a diario para ver si todo iba bien. Porque podía ir mal. Muy mal. Porque esos días de viento del sur podía empezar a arder el castañéu. Siempre de noche, siempre a la una o las dos de la madrugada, siempre con viento del sur, y siempre en varios sitios casi al mismo tiempo.

Y no siempre el fuego pasaba de largo.

A mí no me contaban quién los había provocado. Tampoco hacía falta. Lo sabías. Lo sabías cuando pasaba a tu lado, lo sabías cuando después del fuego metía sus yeguas a pastar los brotes en primavera, lo sabías cuando ayudaba a los bomberos a apagar el mismo fuego, y lo sabías cuando altivo y más joven, te enfadabas en casa y exigías que lo denunciasen. Porque sabías quién era.

Y la respuesta triste y seca era la misma: ¿Para qué? No lo puedes demostrar. No puedes pillarlo, y si lo pillas lo sueltan ¿Para qué?  ¿Para que una noche que tus abuelos estén solos empiece a arder la "tená" (pajar)?

Y aprendes a callar. Y a mirar de otro modo. Y a temer al viento del sur. 

No habrá culpables, porque el miedo es libre y hay gente que piensa que toda la tierra es suya.



21 comentarios:

  1. Suscribo todo lo que has dicho y añado PORQUÉ NO CONTROLAN LAS SUBVENCIONES?

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  2. Chapeau Alberto...yo tambien nací en una aldeina de Casu y apoyo lo que dices.

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  3. Gracias Ángel y Jorge
    Parece una historia sacada de las batallas de posguerra, pero es la realidad en muchas aldeas ¿verdad?
    Y hay una versión actualizada en nuestros políticos que también saben quien puede haber sido... pero no dicen nada y dan vueltas y vueltas sin encontrar respuestas, porque no las quieren oír.
    Un saludo y felices fiestas
    Alberto

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  4. Pues hasta que un día haya una docena de muertos y parezca que no hubo incendios hasta ese día. Mismo escenario el mío, con suegros a la vera del pantano donde cargan los helicópteros el agua, siempre quema la misma ladera, cada año más cerca de las casas, si baja abajo y se corta la carretera, a mis suegros octogenarios solo les queda meterse al pantano y aguantar. Pero no solo se enfadaban cuando (ahora ya ni lo intento) les decía que estaba mal, es que hasta defienden que se queme el monte. Es un sistema viciado, yo creo que los pueblos están en agonía, y hasta que no entre gente joven a trabajar el monte y a cuidarlo, "a ponerlo en valor" como dicen ahora, no se va a parar con esta locura.
    O lo dicho, hasta que no haya que lamentar una barbaridad y entonces todos nos preguntemos por qué llevábamos 30 años mirando para otro lado.
    Si le prendo fuego a un árbol de un parque que cuesta mil euros se me caería el pelo, pero si quemo un millón de árboles y se gasta un millón de euros en apagarlo y las indemnizaciones, no me pasa nada, aunque me pillen. Algo falla aquí.

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    1. Pues está claro que algo falla. Ayer ví en "El Comercio" toda la ladera por encima de Soto de Agues calcinada una vez más. Un desastre.
      Y lo peor es que algunos de los jóvenes de los pueblos creo que son aún más "talibanes" que sus propios abuelos.
      Hay que conseguir un tipo de cambio que no se puede imponer y que es difícil de convencer.
      Un saludo

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  5. Esto ¿es así? porque si es cierto lo que cuentas aún es más doloroso. Entiendo que especuladores carcomidos por la avaricia esté detrás de tales crímenes pero que sean gentes de la zona, que viven en esa maravilla de entorno que ya quisiera yo para mi..... no lo entiendo, no me entra en esta cabeza...

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    1. Probablemente haya algún caso en que la especulación maderera o constructora haya estado detrás de algún incendio, pero entiendo que son casi la excepción. En Asturies no hay especulación del suelo a ese nivel. Lo hay en otros, pero no para quemar así.
      En cambio mi historia no es un cuento, es mi experiencia personal.
      El monte se quema para meter las yeguas o las vacas, para "limpiarlo", por pequeñas venganzas particulares o frente a la administración (al nivel que sea). Incluso para demostrar que el monte es "suyo"
      Y el que quema está apoyado por sus vecinos, o al menos disculpado. Y si no es así, se le teme. Y se le suele temer mucho, porque es impredecible.
      Un saludo
      Alberto

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    2. Pues me deja profundamente tocado ! Cada vez que he escuchado que muchos incendios son intencionados y pregunto por quién, me encuentro con respuestas vagas o que llevan a callejones sin salida. Lo que cuentas es duro, muy duro porque no veo que solución puede tener. ¿Qué se podría hacer? ¿hay alguien trabajando sobre esto e intentando poner soluciones? porque si no es así... mal vamos.... Gracias Alberto.

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    3. Bueno, por un lado se sigue desinformando y hoy mismo en la editorial del periódico de mayor tirada de Asturias, acusan de fanáticos a aquellos que denunciamos que son los mismos habitantes del entorno quienes queman generalmente el monte.
      Pero por otro, yo creo que hay esperanza. Hace años los osos eran un trofeo y quienes los mataban eran héroes. Hoy eso parece difícil que se vuelva a producir sin que haya una fuerte contestación social.
      Lo mismo puede ocurrir con nuestros bosques. Aunque hay un matiz: lo que mayoritariamente sale en los medios de comunicación, no son bosques, son cultivos. Lo cual es también una de las causas de incendios tan tremendos, pues son una manta continua de eucaliptos sin separación ni mosaico que haga variar las llamas.
      Pero espero que poco a poco, concienciando, educando, vayan cambiando las prioridades y los valores que predominan y en los que el fuego es una herramienta más. Y sobre la que no hay conciencia de su capacidad de destrucción.
      Un saludo

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  6. Con el desbroce y los pastos no explicas todos los incendios. Quedan los cazadores, los madereros, los empresarios eólicos y la misma industria de la extinción.
    Es la cuestión, que existen un conjunto de intereses convergentes en que el monte arda. Por eso arde tanto, en incendios de tipologías tan variadas.

    El verdadero culpable es la clase política cobarde que por no perder los votos del rural evitan llamar a las cosas por su nombre. El primer paso para resolver un problema es reconocerlo, estudiar su origen. Aún no hemos llegado, como sociedad, a reconocer que tenemos un problema. Es como el borracho que no es consciente de su adición: jamás se curará.

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    1. Queda todo eso que comentas y la irresponsabilidad y hasta un cierto componente chulesco de hacer los que me parece porque esto es mío.
      Pero creo que se puede llegar a solucionar. Despacio, pero se puede. Con educación. Es la única herramienta que soy capaz a imaginar.

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    2. Estoy muy de acuerdo. La única solución definitiva, mas a largo plazo, es la educación (¿acaso hay campañas de sensibilización en las escuelas?) y el desarrollo (que la gente tenga otras fuentes de ingresos más allá de la explotación del territorio).

      Pero a corto/medio plazo, el estudio de los intereses que existen en que el monte arda (pastos, caza, desbroces, madereros, etc) y decisiones políticas valientes (asumiendo el coste electoral en el rural) para desactivarlos, también serían de mucha ayuda.

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  7. Hola, es la segunda o tercera vez que leo tu blog y ... bueno, pones palabras a hechos y sentimientos que me han pasado a mí y que veo año sí y año también.
    La diferencia es que yo soy de Pontevedra aunque quiero a Asturias como a Galicia y cada vez sufro más al ver que vosotros pasais por lo mismo. Siempre pensé que aquí no había nada que hacer (eucaliptos, incendios, rellenos...) que en Asturias, Cantabria y País Vasco había más cultura o, no sé llámalo como quieras.
    La gente no es consciente del daño que hace el fuego, ni sabe lo que respiran, ni sabe como va el ciclo del agua o una sucesión ecológica. Yo también soy biólogo y la frustración en las conversaciones con otras personas hablando del tema ya es cansino "ah! tu eres de esos" y ya se acabó todo.

    Saludos, buen blog.

    Solo puedo decirte que no estás solo y que somos muchos los que sentimos como tú.

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    1. Muchas gracias por tus palabras Lorenzo. No te imaginas lo importantes que son, y lo acertadas estos días.
      Saludos

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  8. Detrás de los incendios de finales de 2015 al borde de carreteras de Oriente a Occiente hubo algo más, perverso, que lo explicado aquí.

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  9. Por suerte, los pueblos se mueren y nacen pocos niños.
    Mejor pocos y urbanitas que extendidos como una plaga.

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    1. Pues básicamente sí, hay que reducir la presión humana, de cultivos y, sobre todo, de pastoreo, para permitir que los ecosistemas se recuperen.

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    2. Que los pueblos se mueran es una tragedia. Que no alcancemos a adecuar respuestas a las necesidades de las familias que viven en ellos, especialmente en educación y sanidad, aún más. y debe hacerse, invertir en igualdad de condiciones para los habitantes de los pueblos. Pero eso no justifica el "vale todo" o justifica usos que porque lleven años realizándose sean aceptables. Quemar el monte arrasa con el futuro y deja menos perspectivas para los habitantes de los propios pueblos.

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    3. El éxodo rural es inexorable, ya que cada vez la agricultura precisa de menos mano de obra. El medio rural es capaz de mantener a muy poca población, la dedicada al sector agroganadero, el resto tienen que bajar a las villas y ciudades.

      ¿Triste? Sí y no. Desde luego ha sido esta despoblación la que le ha dado un respiro a los ecosistemas españoles, que estaban en casi todas partes contra las cuerdas, y ahora se están recuperando (cuando los incendios o las repoblaciones forestales no se lo impiden).

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