domingo, 6 de abril de 2014

Al cobrar, la visión cambia.

Este principio básico ante cualquier actuación está muy olvidada últimamente.
Y en el mundo de la conservación de la naturaleza es un principio mucho más complicado aún.

No tengo nada en contra de las empresas o grupos o fundaciones que se han profesionalizado y viven o trabajan en y para programas de conservación de la naturaleza, bien sea con financiación pública o con mecenazgo privado.

De hecho, estoy totalmente convencido de que si el tejido empresarial dependiente de la conservación del paisaje y de la biodiversidad fuese aún mayor, la concienciación aumentaría y el conjunto de acciones favorables a la conservación también.

Pero.... (siempre hay un pero) esto funcionaría muy bien si los beneficios económicos fuesen una consecuencia de la conservación, y no el objetivo.

La cuestión en que el beneficio económico se ha convertido en el nuevo paradigma de la conservación: se le ha llamado "desarrollo sostenible" y durante un tiempo todos nos lo creímos. Era la fórmula mágica, la gente obtenía beneficio y en consecuencia tenía interés en la conservación. Se supone que a más conservación, más beneficio, mayor fijación de población y por lo tanto reversión de los procesos de empobrecimiento y abandono del campo.

Pero... (este "pero" es aún mejor) la ecuación no funciona bien, porque no tiene en cuenta que el propio proceso de conservación, si quiere mantenerse en el tiempo, y sobre todo, si quiere mejorarse respecto al punto de partida, limita por sí mismo el beneficio económico:
limita la capacidad de carga del ecosistema.
Puede ser que limite el número de cabezas de ganado, o el número de establecimientos turísticos, o el espacio disponible para las actividades de ocio que demandan los turistas, o los lugares de observación de especies protegidas, o la realización de actividades masivas en el medio.... y suma y sigue.

Y esto choca frontalmente con la otra parte de la historia: el ser humano tiende a la avaricia desmedida y a la explotación egoísta del medio. Vamos el beneficio inmediato de toda la vida sin importar las consecuencias. 
Y esto ya no es desarrollo sostenible, y esto provoca a medio plazo la degradación de los ecosistemas de los que se retroalimenta todo el sistema de conservación = desarrollo económico.  

En ese momento en que se limitan los beneficios comienza la intoxicación informativa. ¿Por qué? Porque nadie explicó que vivir del medio ambiente en cualquiera de sus formas requiere un proceso de autolimitación de la explotación y de los beneficios.

Y entonces empiezan las quejas y que si los ecologistas están en contra de los ganaderos, que se impide el desarrollo de los pueblos, que se necesitan autopistas para que los turistas lleguen a los pueblos, que las carreras masivas por los espacios protegidos son una forma de conservación y que impedirlas (o pedir sensatez para realizarlas) es ir en contra del desarrollo rural (¿?).

Y empiezan también los ataques desde dentro de grupos que se autodenominan conservacionistas, o ecologistas, y que en una situación ideal lo sería, pero que en una situación de aumento de beneficios y teniendo en cuenta que viven de esos beneficios.... pues pierden la perspectiva.

Por supuesto que aquellos que no dependemos económicamente de defender estos espacios o los valores del ecologismo no tenemos la verdad absoluta: solo tenemos la libertad que nos otorga no depender para dar de comer a nuestros empleados o familias de la subvención de un Proyecto Life, del buen rollo con un alcalde o de la repercusión en los periódicos de nuestra postura "ecologista".

Por supuesto esto significa condenarnos a ser grupúsculos minoritarios en el límite de lo visible frente a Fundaciones, gobiernines, partidos políticos o grupos de información, pero también nos libera de cargas innecesarias y nos permite seguir diciendo lo que consideramos que es justo, lo que está bien y lo que consideramos que son opiniones interesadas movidas por el dinero, el amiguismo o los favores más o menos encubiertos.

No tenemos la razón en todo, pero tenemos la dignidad de poder decir nuestra porción de la verdad, generalmente muy poco cómoda.

Caliao ahora tiene un spa, puede todavía llegar a tener playa. Claramente desarrollo sostenible.


Como guía para entender esta opinión es interesante leer:


http://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/15903/geotrupes-miente-sobre-urogallo.html

Es fácil descubrir que los ataques, nunca son gratuitos. Y este caso nunca mejor dicho.

2 comentarios:

  1. Vivimos en una sociedad donde los poderes públicos aun no han sido capaces de entender el papel del ecologismo o de otras organizaciones sociales, no es el de complacencia con lo que se hace, para aplaudir no harían falta organizaciones. Y por supuesto, el producir incomodidad a quienes gobiernan, cuando lo hacen mal a juicio de quién critica, está contemplado en el sueldo que cobran y en el cargo que ocupan los políticos.

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  2. Ah, pero responden de forma muy curiosa a la incomodidad. Por un lado el desprestigio con las múltiples herramientas informativas que poseen, por otro el ninguneo como forma de trato y por otra la descalificación directamente o por medio de "submarinos" creados ex profeso.
    Un caldo de cultivo excelente para hacer lo que les viene en gana unido a la desinformación y las trabas burocráticas de todo tipo.
    Un saludo

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